Donde dije digo…

05.11.2016 16:06

Enrique Piraña / Foro deportivo

Cronología de la era Lim

Trataré de plasmar en estas líneas lo que siento como aficionado valencianista tras pararme a pensar en todo lo que ha sucedido en estos dos años. Lo que siento como alguien que de verdad siente, y no que dice sentir.

Trataré de dejar de lado lo turbio que fue el proceso de venta, algo que parece haber sido relegado a un segundo plano ya, pero no está de más recordarlo. Aquella apuesta a ultranza de Salvo por el proyecto de un señor de Singapur, para meses después marcharse del club y luego embarcarse en un proyecto con la UD Ibiza.

Conste que no pretendo posicionarme a favor o en contra de nadie, considero que hasta el momento todo lo escrito son datos objetivos.

En cuanto a resultados, la temporada 14/15 fue un éxito, qué duda cabe, aunque se pudo haber logrado algo más, no hay que olvidar lo sucedido en la Copa del Rey ante el RCD Espanyol, por ejemplo. En cualquier caso, fue exitosa. De la mano de Nuno, amigo de Lim al que pusieron en lugar de Pizzi.

Avancemos unos meses. Comienza la temporada 15/16 y ya algunos empezaban a estar mosqueados. Durante ese verano se marchó el que probablemente fuera el mejor de la plantilla: Otamendi. El jugador presionó para marcharse y el Valencia CF, que a priori ya no era un club vendedor y 

tenía un proyecto atractivo con solvencia económica, no pudo retenerle.

Se fichó a un tal Santos, del S. de Braga, a Mina pagando su cláusula y a Danilo Barbosa, un futuro crack, todos ellos con algo en común que todos sabemos y a todos nos mosquea. Los tejemanejes de Mendes a la hora de encasquetarnos jugadores mediocres a precios desorbitados es algo que ha estado sucediendo desde que desembarcó el empresario asiático.

Junto con Abdennour, Ryan y Bakkali cerramos aquel periodo de traspasos más centrados en la clasificación para la fase de grupos de la Champions League que en lo que había estado sucediendo durante aquel mercado. Poco duró.

Tras unas pocas jornadas ya se empezó a ver que algo no iba bien, algo había cambiado. Los refuerzos no sumaban lo necesario y el Valencia CF era un equipo vulnerable atrás y fallón en ataque. Tras 13 jornadas en las que habíamos caído derrotados nada menos que ocho veces, Nuno dimitió para alivio de una gran mayoría que no sabía lo que estaba por venir.

Pocos días después de la marcha del técnico portugués se anunció el nuevo técnico. Uno sin experiencia en los banquillos, que no hablaba el idioma ni de lejos, estaba de comentarista en la televisión británica y era el segundo de Roy Hodgson en la selección inglesa. Sí, hablo del experimento Gary Neville.

Debutó con una derrota que supuso la eliminación de Liga de Campeones, y duró cuatro meses en el banquillo. 28 partidos. 28 partidos tardó el club en darse cuenta del error que habían cometido. Y ni siquiera tuvieron la valentía de hacerlo tras el 7-0 en Copa del Rey. Ni se lo plantearon.

Se quedó Ayestarán, a quien yo al menos, vista la temporada que llevábamos, le di mi voto de confianza. Estuvo aquí en la época más gloriosa de nuestra historia, e hizo sus pinitos en la liga israelí y mexicana. No era santo de mi devoción, pero pensé “bueno, vamos a ver, a peor no podemos ir”.

Así cerramos la temporada pasada, con el “Ay!” en el cuerpo tras sumar unos pocos puntos que nos alejaron del descenso. El Valencia CF de Peter Lim hizo su peor temporada en la historia de la liga de tres puntos. Nos convertimos en el hazmerreír de la liga por las esperpénticas decisiones de un señor que no se dignó en aparecer en los momentos de mayor zozobra, ahí ya no le interesaba ir a Mestalla.

Llegamos a este verano. Sin ingreso alguno por patrocinio tras la gran labor del ‘gurú’ del marketing deportivo Peter Draper -cuyo mayor logro ha sido hasta el momento “Codere®”- unido a la falta de ingresos por no jugar competición europea, se dio el pistoletazo de salida al desfile de jugadores.

André Gomes, Mustafi y Paco Alcácer abandonaron el barco en cuanto se les presentó la oportunidad. No entraré a valorar a la nueva imagen de Grefusa®. Ni siquiera jugadores de equipos de media tabla para abajo quisieron venir, obligándonos a componer el equipo con retales de jugadores que no contaban o se tenía la necesidad de venderlos.

La cadena siempre se rompe por el eslabón más débil y un 0 de 12 puntos terminó con la destitución de Ayestarán, a quien personalmente no atribuyo en su totalidad los resultados. El resto hasta hoy en el apartado deportivo ya lo saben.

Para colmo, este viernes 4 de noviembre en la junta se nos comunica que van a incumplir una promesa que hicieron cuando llegaron, terminar el nuevo estadio antes del centenario. Algo que supuestamente estaba firmado por contrato y que un señor con una insignia de oro y diamantes dijo se habían comprometido a hacer, no va a suceder. Ya se intuía que esto podía pasar cuando se publicaron los contratos, pero este hecho ya es una prueba fehaciente de que aquello fue una estrategia más de cara a la venta.

En resumen, tras dos años el balance de la era Lim arroja una economía cogida con pinzas, una plantilla incapaz de lograr los objetivos que se le exigen, ningún patrocinador principal, un baile de consejeros, la marcha de gente que estaba en el club porque lo sentían, una temporada catastrófica y otra que va camino de serlo si no cambian las tornas, un dueño que no aparece, experimentos y másters de entrenador para amigos, promesas incumplidas, Mendes…

¿Es esto lo que se nos prometió? ¿Tan vacuas eran muchas de sus promesas que no les tiembla el pulso a la hora de incumplirlas? En gran medida son sus propios actos extradeportivos los que nos han llevado a esta situación a la que se suma el pago a la UE. Con Prandelli parece que se han dado cuenta de que no habían enfocado el proyecto de manera correcta. Veremos si en el resto de campos sucede lo mismo.

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